
Hoy se terminan varios carnavales alrededor del mundo. Lástima para los que andaban festejando. Apagan sus colores y movimiento por respetar el inicio de la cuaresma, después de festejar a más no poder aprovechando el tiempo anterior al de un ayuno que nadie hará y de un espacio de reflexión que nadie se tomará.
Pero, ¿tiene algún sentido ponerse a criticar festividades que han olvidado toda base y que han sido vaciadas de todo contenido? Total podría decirse que estos carnavales son tanta expresión de cultura como la que forja un rito religioso, por qué no, para otro tipo de gente quizás, pero por qué no. Lo que sí cabría ponerse a machacar es el único sentido que les va quedando desde sus inicios, desde que la religión estaba en pleno y sí que daban ganas de desatarse antes de 40 días de respeto e interioridad.
Bien que la gente se diera la molestia del rito. Pero esa actitud tan humana de vivir traicionando las propias convicciones, demostrando que los 40 días esos eran una molestia que, dada su humana condición, debían compensar con otras semanas de hedonismo, porque el recordar el sacrificio de su Dios al final les dura un par de días y un par de flashes esporádicos cada cuanto.
Hoy no tiene caso criticarlo porque total, ¿qué minúsculo porcentaje de una cifra cree verdaderamente en dioses? Y los que creen creer y rellenan panfletos por ahí hablan más desde el cerebro y la racionalidad, para tratar de no sonar fundamentalistas a vista de escuelas de abogados de Harvard y Tel-Aviv, espantando a cualquiera que habría querido apoyarse en algo para mantener alguna fe. 'La racionalidad del cristianismo' es uno de los temas que trataremos en un curso de formación teológica de mi católica universidad y me pregunto, ¿por qué demonios una religión habría de ser racional? ¿Qué tipo de plus es ese en la competencia por cuál religión es más acertada? Solo para satisfacer al intelectualismo de aulas cerradas y teorías teóricas hasta los que debían estar conservando el buen sentido de la religión desechan lo orgánico y apasionado que debían tener para ser lo que de verdad son.
Siempre suelo criticar a la modernidad, a estos tiempos y a la gente decadente, pero vaya que es cierto que ni los que debían ser aliados están indispuestos a mantener sin precio lo que es invaluable, ni ahora ni en los tiempos en que debía hacerse para que no terminaramos como vamos. Al final, la culpa es siempre de los que saben y callan o de los que no saben y hablan.
خرمن
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